Balduino el Leproso

L
a mayoría de los grandes reyes que conocemos suelen ser personas sanas, al menos en lo físico… Hay dificultades mayores o menores, pero la enfermedad de este rey de Jerusalén era particularmente dolorosa: la lepra.

Nace a principios de verano del año 1161 y, al parecer, era el segundo hijo de Amalrico de Jerusalén y Agnes de Courtenay. Sibila, su hermana, era mayor que el joven Balduino.

 

La Enfermedad

 

Hamilton, experto en Balduino el Leproso y Reinaldo de Chatillon, explica en la biografía del rey los diferentes tipos de lepras que existen. La enfermedad procede de una bacteria llamada “mycobacteriumleprae” y tiene como consecuencia: desfigura, deforma y ulcera la cara, mano, pies y cualquier parte de la piel.

Es difícil que se transmita de persona a persona y se necesitan entre meses y años de contacto para que se produzca el contagio. Asimismo, los síntomas tardan años en ponerse de manifiesto.

Diferencia dos tipos de lepra: tuberculosa, que produce debilidad muscular, insensibilidad en algunas áreas y daño en los nervios; la segunda es la “lepromatosa”, que, a diferencia de la tuberculosa, no se cura espontáneamente sino que, progresivamente, se va agravando.

Los remedios preventivos eran los baños en piletas  de agua sulfurosa durante el verano. Vale aclarar que el verano no era solamente un caldo de cultivo de enfermedades en Tierra Santa, el reino siciliano también podía ser muy letal en la misma época del año.

Al parecer, Balduino padeció, en su juventud, la lepra tuberculosa que produjo daño en sus nervios, debilidad muscular generalizada, inhabilidad para usar sus pies y manos por las úlceras y, finalmente, ceguera.

 

Cualidades del Rey

 

Era un excelente jinete, tenía una gran pasión por la historia, particularmente la del reino de Jerusalén; contaba con una impresionante memoria y su entendimiento era notablemente rápido. Respecto de su capacidad para recordar, se sabía que nunca olvidaba un insulto y mucho menos un favor.

Es bueno saber, si uno visita la ciudad Santa de Jerusalén, que el Cenáculo fue construido durante su reinado.

 

Regencias

 

Dada su precaria salud, el gobierno del reino era compartido entre el rey y los Senescales. El primero fue Milo de Plancy, que es asesinado, siendo los principales sospechosos los señores de Beirut; el segundo es Raimundo III de Trípoli, con quien se inicia una política externa a favor de la venida de príncipes europeos a la corte, entre ellos Felipe de Flandes y Guillermo “Espadalarga” de Montferrato, primer esposo de Sibila de Jerusalén, hermana de Balduino.

Después entra en escena Agnes de Courtenay, de notable belleza física y con un gran carácter, que contrastaba con su séquito de vasallos, corrupta e ineficiente; a su vez, su escasa moral la convertía en una mujer egoísta e inescrupulosa. El nombramiento del lamentable patriarca Heraclio fue por su “patronazgo” sobre el clérigo, opositor del historiador y célebre arzobispo Guillermo de Tiro. Agnes solamente saldrá de escena para que Raimundo vuelva a retomar las riendas del reino en la fase final de la vida de Balduino.

 

Expediciones Militares

 

La carrera militar de los reyes de Jerusalén eran muy intensas y tenían la particularidad de comenzar en la mayoría de edad, a los quince años en Tierra Santa ya se veía al rey comandar el ejército junto con el Condestable. Además, el rey, a pesar de su condición individual, había sido adiestrado para manejar el caballo y blandir la espada con una mano.

Además de la victoria de Montgisard al lado de Reinaldo de Chatillon, encabeza expediciones militares a la frontera de Damasco. En una de ellas, en Banyas, cerca de la frontera del reino, son emboscados y, en la pelea, es desmontado y debe huir en la grupa de un caballero.

El sultán, a su vez, alterna expediciones contra los señores musulmanes que se le oponen y el reino de Jerusalén. En el año 1179 ataca el castillo de “La Chastellet”, que estaba en construcción, y ejecuta a los arqueros francos, a los templarios que estaban en el lugar y otros 700 prisioneros.

Finalmente, el año siguiente se establece una tregua de dos años con Saladino. Durante esta paz los maronitas, gracias a la iniciativa del patriarca Aimery de Limoges, vuelven a incorporarse a la Iglesia Católica.

Cuando expira la paz, Saladino va contra Bethsan con un inmenso contingente y sufre una severa derrota; se retira y cruza el río Jordán el 13 de julio de 1182. Pero no da por concluida la campaña sino hasta que vuelve a probar suerte en La Forbelet, el 15 de julio de 1182, y sufre una nueva derrota que lo obliga a retirarse de modo definitivo. De modo que el rey de Jerusalén, en una cabalgata contra los alrededores de Damasco (cabalga una cifra superior a 300 km.). Mientras concluía una segunda expedición contra Damasco, Reinaldo llevaba a cabo la suya contra el Mar Rojo. Esa Navidad, Balduino tiene un muy merecido reposo en Tiro.

El año siguiente, Saladino se ocupa de lidiar de nuevo contra los emires musulmanes que se resisten a su supremacía; simultáneamente, durante 1183 Balduino parece comenzar a perder la vista. A su vez, Guy de Lusignan, el segundo esposo de Sibilia y cuñado del rey, pierde el favor de Balduino al negarse a entregarle Tiro a cambio de Jerusalén. Quien se convierte en el nuevo Baile del reino es, nuevamente, Raimundo III de Trípoli quien asume el mando del ejército de Jerusalén.

Saladino asedia Kerak por primera vez en Noviembre; y ante el ejército de Jerusalén, se retira. En 1184, hay un nuevo asedio de Kerak que termina con un resultado muy similar.

 

Muertes y balance de su reinado

 

Finalmente, después de años y años de expediciones militares, el rey Balduino murió el 16 de mayo de 1185. Como rey, nunca se refugió detrás de su enfermedad que realmente lo incapacitaba ni quiso huir de los deberes de estado, realmente puso en práctica aquello de que “Dios cosecha donde no siembra”, porque el buen Señor le dio muy poco para lo mucho que hizo. Fue un líder para su ejército durante las campañas defensivas y tomó parte de las batallas como un caballero más.

Mientras vivió, las diferentes facciones del reino se mantuvieron pacíficas bajo su égida, incluso cooperaron. Merece ser alabado porque su corona fue victoriosa ante el sultán que unificó Egipto y Damasco, las dos potencias musulmanas, y supo contener la marea con gran habilidad. Pero hacerlo sufriendo la lepra convierte sus acciones en algo más allá de cualquier elogio… Su exterior podía ser enfermo, pero por dentro era del metal más duro que pudiese encontrarse. Su mera presencia inspiraba temor y respeto a Saladino.

Sicardo de Cremona lo resume dignamente: “Mientras vivió fue victorioso”.



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