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El Reino de Jerusalén

D
espués de la conquista de Jerusalén, la mayoría de los caballeros y nobles retornaron a sus hogares. Balduino de Boulogne, hermano de Godofredo de Bouillon, líder de los valones y flamencos, se había establecido como señor de Edesa.

Bohemundo de Tarento, se estableció como Príncipe en Antioquía mientras que su sobrino, Tancredo, tomó el grandilocuente título de Príncipe de Galilea.

Roberto de Normandía, como el resto de los grandes señores, cumplió su peregrinación y volvió.

Solamente quedaban dos candidatos como reyes: Godofredo de Bouillon y Raimundo de Saint-Guilles; Raimundo, con verdadera o falsa modestia, la corona; Godofredo aceptó convertirse en el “Protector del Santo Sepulcro”. Raimundo, con cierta “contrariedad”, se retiró al norte, a Trípoli, donde nacería el condado de Trípoli.

A la muerte de Godofredo, Balduino, su hermano, fue electo rey. La muerte de Godofredo fue un punto clave en el reino de Jerusalén porque el legado papal, Daimberto de Pisa, que arribó a Tierra Santa con una flota pisana quería convertirlo “en un feudo papal”. ¿Y quién se convertiría en el señor efectivo del “feudo papal”? Nos cuesta poco imaginar que Daimberto de Pisa aspiraba a ser el señor efectivo de Tierra Santa. Pero los barones de la Casa de Lorena, que acompañaron a Godofredo y se establecieron con él, llamaron a su hermano, que tomó posesión de la herencia.

Cuando Balduino I muere, sin herederos directos, es su primo Balduino de Le Bourg quien le sucede como rey, Balduino II. El reto de Balduino II consistirá en mantener a los principados de Tierra Santa (Antioquía, Trípoli, Edesa, Galilea) unidos para responder juntos, y de manera efectiva, a las inminentes amenazas turcas, damascenas y egipcias.

Sin descendientes barones, Balduino II deja a sus hijas indomables y la mayor (y la más indomable), Melisenda, se casa con Fulco de Anjou. El hijo del rey Fulco, Godofredo, será quien impulsará a los Anjou al centro de gravedad de Francia durante el siglo XII. Fulco es abuelo de Enrique II de Inglaterra y bisabuelo de Ricardo Corazón de León.

Fulco de Anjou va a tener que contener el avance de la Yihad que se predica en los territorios sunitas. El principal rival de Fulco va a ser Zengi. Si bien se comienza un “tira-y-afloje” en los principados del norte (Edesa, Trípoli y Antioquía) en donde se pierden y recuperan bastiones fronterizos, la expansión hacia el sur sigue con la creación de castillos (ej: Ibelin y Guardia Blanca).

En un accidente de caza muere Fulco y lo sucede Balduino III;sin embargo, quien asume la regencia es su madre, Melisenda. Se pierde Edesa y se convoca una nueva cruzada (la segunda), que tiene efectos negativos en lo militar y político. También entran en juego fuerzas anárquicas que amenazan con tirar abajo todo: las princesas y sus afanes de independencia; la reina Melisenda, que le declara la guerra al rey y se encastilla en la torre de David, obligada a ceder  el poder, se convierte en una sombra. A los treinta y tres años, el rey Balduino III, la gran esperanza de Jerusalén, muere envenenado y lo sucede su hermano Amalrico I.

Los barones de Jerusalén coaccionan para que repudie a su mujer, Inés de Courtenay, por razones de “consanguineidad”;por otra parte, admiten como herederos a sus hijos, Balduino y Sibila. Durante su gobierno se da una carrera entre Norandino y Amalrico por la posesión de Egipto. Los francos lograron establecen un protectorado, pero luego Saladino obtuvo el poder de modo definitivo.

Con Saladino cobra fuerza la idea de la unidad de los territorios musulmanes, desde la Mesopotamia hasta Egipto, para expulsar a los francos de Tierra Santa.

Al poco tiempo, Amalrico I de Jerusalén muere dejándole su lugar a Balduino IV el Leproso. Entre los principales miembros de la corte de Balduino se encontraban fuerzas que luego serían antagonistas: Raimundo de Trípoli y Reinaldo de Chatillon. No hay que ponerlos en partidos opuestos, sencillamente sus papeles eran diferentes. Raimundo asumía la regencia en momentos de dificultad y Reinaldo de Chatillon representaba la punta de la lanza en la ofensiva contra Saladino que amenazaba por todos los lados al reino.

Reinaldo de Chatillon estuvo con el rey en la batalla de Montgisard, donde se desbarató al ejército musulmán en un devastador ataque sorpresa.

La hermana y heredera de Balduino, Sibila, se casó con Guy de Lusignan. Los hermanos Lusignan estaban en Tierra Santa porque el mayor, Amalrico, “le clavó la espada por la espalda al earl Patricio de Salisbury” (dice G. Duby en “Guillermo el Mariscal”). Detrás del poitevino acudieron sus hermanos y él, que ya era Condestable del Reino de Jerusalén, logró posicionar a su hermano menor.

Una vez que falleció el venerable Balduino IV, Guy se convirtió en rey y bajo su gobierno, por instigación del Gran Maestre del Temple, enemigo jurado de Raimundo de Trípoli, decidieron enfrentar a los musulmanes en  los Cuernos de Hattin. La marcha fue “poco estratégica”, pero no estuvo condenada hasta que el bravucón de Gerardo de Ridefort, Gran Maestre del Temple, dijo que “los suyos no podían más”. Entonces Raimundo de Trípoli dijo que “todo estaba perdido”, ya que no habían alcanzado el lago de Tiberíades, donde podrían abastecerse de agua. La infantería se separó de la caballería, fue masacrada; la caballería se batió valientemente, resistieron varias cargas de los sarracenos hasta que al final, por el agobiante calor de verano, bajo sus armaduras no pudieron mantener en alto sus espadas y cayeron prisioneros.

Saladino, con su propia cimitarra, mató a Reinaldo de Chatillon; todos los templarios y hospitalarios que cayeron prisioneros fueron ejecutados. Entre ellos se cuenta al mártir hospitalario San Nicasio de Sicilia.

Una tras otra fueron cayendo las principales fortalezas y ciudades. Recién en Tiro encontraron una enconada resistencia de parte del tío de Balduino V, hijo de Guillermo Largaespada de Montferrato y Sibila de Jerusalén, que apenas tuvo la corona. Conrado, tío de Balduino V, se casó con una segunda hermana del difunto rey de Jerusalén, Isabel, y se convirtió, luego de Guy, en el nuevo rey.

El asesinato de Conrado de Montferrato, por una querella que tuvo con los asesinos, ocurrió meses antes del fin de la tercera cruzada. Cuando Ricardo Corazón de León se retiró, la supervivencia del reino de Jerusalén podía darse por segura. La reina de Jerusalén, viuda,se casó con Enrique de Champaña, sobrino de Ricardo Corazón de León. Enrique de Champaña murió cuando la tregua con los musulmanes expiraba y, a su muerte, la corona pasó a Amalrico de Chipre. Él fue el cuarto y último esposo de Isabel. El hermano de Guy de Lusignan que ya era rey de Chipre se convirtió, además, en rey de Jerusalén.

Durante el gobierno de estos dos reyes, Enrique y Amalrico, se recuperaron algunas ciudades costeras como Sidón, Beirut y Gibelet en la “Cruzada Alemana”, pues el hijo de Barbarroja nunca alcanzó a llegar a Tierra Santa.

Fue un tiempo de relativa paz, ya que el hermano de Saladino, Al-Adil, tuvo problemas con sus sobrinos quienes, querellando entre sí, contribuyeron a que su tío se hiciera fortaleciera hasta convertirse en el señor del imperio de Saladino.

Cuando fallece Amalrico la corona cae en la primera hija de Isabel. Se casó primero con Hunfredo de Torón, luego con Conrado de Montferrato, seguidamente de Enrique de Champaña y finalmente con Amalrico de Chipre. María de Jerusalén, la Marquesa como la llamaban, en honor al marqués Conrado de Montferrato, se casó con Juan de Brienne. Anciano, pero fuerte. Mantuvo a raya a los damascenos y egipcios y de no haber sido por el Cardenal-legado, Pelagio, podría haber liderado la quinta cruzada.

Su hija, Isabel de Brienne, heredera a la corona, se casó con el emperador Federico II. El emperador, enormemente apoyado por Honorio III y los caballeros de la Orden Teutónica, especialmente por su Gran Maestre, Hermann de Salza, aceptó la alianza y se convirtió en rey consorte de Jerusalén.

Federico II fue el último rey coronado en el Santo Sepulcro. Su intento sincero de reactivar el reino implicaba domesticar una nobleza que había usurpado derechos reales y se autogobernaba a través del instrumento jurídico del reino por antonomasia: “la Haute Cour”.

El proceso de reconstrucción de fortalezas se vio detenido por la “Guerra de los Lombardos”. Después de Federico II solamente habrá regentes en el reino que lo llevaran a ser “ingobernable” (esas son las palabras del rey de Chipre cuando intentó ayudar en los últimos estertores del reino)… Fue un suave, lento e irreversible declive que terminó con el reino de Jerusalén; después de más de cincuenta años sin un rey presente y carente de un gobierno eficaz, los sultanes mamelucos los fueron eliminando uno a uno.


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