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Federico II

S
e lo recuerda como “StuporMundi”, Asombro del Mundo, también como rey de Sicilia, Alemania (emperador), Jerusalén y Arlés. El reino de Italia, donde le faltó control efectivo, causó los problemas. Para unos era un hombre “mega asombroso” y otros lo llamaban “Anticristo”; no era ni uno ni otro, pero sí lo podemos definir en una palabra: “brillante”.

Es difícil procesar varias biografías y centenares de fichas cargadas de información sobre la vida de este hombre, pero vamos a procurar rescatar lo esencial.

Aristóteles decía “conocer es conocer por las causas”. Entonces tenemos que limpiar las huellas del camino que nos llevan a Federico II, y ver las “causas”: sus abuelos. La clave para comprender a Federico yace en Roger II de Sicilia y Federico I Barbarroja. Cuando Federico Roger nació (1194) su abuelo materno llevaba 40 años muerto; el otro, solamente 4.

Pirenne, un extraordinario medievalista, a pesar de no ser uno de sus principales biógrafos, acertará: “su política era exclusivamente italiana y difícilmente imperial”.

 

Primeros Años: Rey de Sicilia (hasta 1212)

 

Sabemos las dificultades con las que asumió la corona: un tesoro empobrecido, Sicilia arruinada por la prematura muerte de sus padres y regencias poco escrupulosas, con intereses ciegamente egoístas. Una regencia que osciló entre Gualterio de Palear, que caerá en desgracia después del fracaso de la Quinta cruzada, y su rival Markward de Anweiler, asociado al anárquico Diepold de Acerra. La isla era un caos gracias a las sublevaciones de los sarracenos y Apulia, gracias a Diepold y los barones sicilianos, era un campo de batalla librado a su suerte. Además, estuvo al borde de tener que huir de la isla porque Otón de Brunswick, candidato papal a la corona del Imperio y luego emperador, quería invadir Sicilia.

Así estaban las cosas antes de viajar a Alemania para tomar el puesto de su abuelo.

Su infancia y juventud fueron difíciles. Pero estaba bien adiestrado: sabemos que era un excelente jinete, muy hábil con el arco y la espada;también leía libros de historia hasta la madrugada. ¿Habrá sido esa última cualidad la que forjó su notable sabiduría? Algo curioso: era muy celoso de su libertad.

Cuando se casó con Constanza de Aragón, a quien apreciaba por su experiencia y notables consejos en el campo político, apenas pudo tener un inútil respiro: la novia trajo consigo a su hermano y otros 500 caballeros para recuperar el control de la isla; pero fue un desastre porque la gran mayoría murió por enfermedades y el resto se volvió a su patria.

 

La corona Imperial y el Golpe de Suerte (Alemania: 1212-1220)

 

Después de la excomunión del candidato papal, a quien Inocencio III llama “Saúl” en favor del nuevo “David”, resplandeciente hijo de la Iglesia, Federico II, un contingente de magnates alemanes encabezados por el suabo Anselmo Justingen va a ofrecerle la corona imperial. Ante el cambio de marea, Federico, con gran audacia, acepta el reto. En el séquito que lo acompañó al Norte estaba Berard, arzobispo de Bari, luego lo será de Palermo, y lo acompañará, literalmente, hasta la muerte.

El viaje a Génova fue fácil, en el Piamonte no tuvo problemas; era el territorio aliado de viejos amigos familiares: los Montferrato. El problema fue el trayecto Pavía-Lodi-Cremona. Los interesados en que no finalizara el trayecto eran los mismos sospechosos de siempre: los milaneses, partidarios de Otón de Brunswick.

Federico II demostró notables habilidades evadiendo las emboscadas, montando a pelo, cruzando valientemente las líneas enemigas…Demostró la habilidad personal que sí lo distinguiría de sus abuelos: ¡su inmensa audacia! Todos sus enemigos siempre alabaron su coraje supremo, su excepcional conocimiento y su potente intelecto; sus íntimos, su noble corazón.

También tuvo dificultades para entrar a Alemania, ya que Otón le quiso bloquear la entrada ysus partidarios estuvieron muy cerca de lograrlo; tres horas más tarde ante los muros de Constanza y la historia de Federico podría haber sido otra.

El 9 de diciembre de 1212, con una Alemania dividida, es coronado el joven Federico Roger de 17 años de edad. No será hasta Bouvines que su corona será algo seguro; Otón, después de aquel fracaso militar, verá su estrella declinar irreversiblemente.

En el año siguiente a Bouvines, 1215, Federico II tomará la cruz para “pagarle a Dios por los muchos regalos que nos ha conferido”. Y no mentía, pasar de ser un desesperador rey de Sicilia a ser el emperador más joven… ¿en la historia? ¡Tenía sobradas razones para estar agradecido! Había un toque de “destino” en esos cambios repentinos y, tal vez, algún que otro “teje y maneje” del Papa Inocencio III. Felipe de Francia,anteriormente, le había reprochado que no eligiera a Felipe de Suabia, hijo menor de Federico Barbarroja.

Por su parte, Federico nunca pudo vencer a su rival, solamente lo neutralizó, reduciéndolo a sus territorios; Otón no salió de su ducado. Años después, Federico II se reconciliaría con el hijo de Enrique el León, Enrique de Sajonia (no era realmente Duque, sino Príncipe Palatino; era una costumbre alemana nombrarlo por el título del padre) y con el sobrino de Otón, homónimo.

Para que el título de rey de Alemania fuese hereditario, Federico II entregó (abril de 1220) el “Privilegium in favoremPrincipumEcclesiasticorum”, básicamente era el reconocimiento de ciertos derechos del alto clero.

 

Italia-Sicilia (1220-1228)

 

Después de ser coronado “rey” de Italia, título más ficticio que real,y emperador en Roma el 22 de noviembre de 1220, Federico II se estableció en Sicilia. El antiguo reino normando estaba hundido en la “anarquía feudal”.

Inició una labor sistemática de demolición/apropiación de fortalezas “ilegales” (esto es: erigidas sin permiso real). Se les permitió quedarse con ellas, a los nobles, mediando permiso real. También se prohibió a los hombres ir armados en las ciudades y a las mujeres ejercer la prostitución dentro de los muros; también varias medidas de índole moral, incluyendo multas pesadas para las blasfemias.Se prohibió la justicia privada.

No menos notables es la reconstrucción de la flota real, el arma más afilada.En resumidas cuentas: restauraba el reino a las épocas de Guillermo II de Sicilia (1166-1189).

En 1222 emprende la campaña definitiva contra los sarracenos de la isla, y lo hace de una manera vehemente y brutal: los expulsa y los instala en Lucera. Un par de años después funda la Universidad de Nápoles, donde no sólo contrató a grandes maestros de Bolonia, sino también otorgaba becas y facilidades para el estudio. Todas las raíces de lo cultural y legislativo estaban en Roger II de Sicilia, hombre eminentemente culto.

Restablecer el orden en Sicilia fue posible también gracias a Honorio III, sucesor de Inocencio III; él siempre le dio grandes facilidades y prórrogas para cumplir su voto de cruzado. Diferente fue la historia con Gregorio IX, el Papa-Bane. Nos lo imaginamos diciendo: “Oh, yes, I was wondering what would break up first… Your crusade… or your kingdom!”

 

Federico II y Gregorio IX (1229-1240)

 

Gregorio IX era uno de los tantos papas canonistas que llevaron la tiara durante la Querella de las Investiduras. Sostenían que tenían la plena potestad en lo espiritual y, consecuentemente, en lo material. Dentro de la lógica, tiene sentido. Pero dentro de la lógica de las escrituras, Cristo no solamente dijo “dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, también dijo que su reino “no es de este mundo”. Las teorías, que no eran más que eso, se fundamentaban en comentarios de algunos eclesiásticos influyentes como San Bernardo de Claraval y otras citas del Evangelio.Con el tiempo, la glosa remplazó al Evangelio.

Irónicamente, el más famoso de esa época, no es Federico II, ni Gregorio IX, ni Inocencio III, sino que es San Francisco de Asís.

Gregorio IX, ni bien Federico II partió rumbo a la cruzada, comenzó una campaña contra el emperador desde lo “propagandístico”hasta lo militar;propagó calumnias y difamaciones esparcidas a través de los pobres frailes menores manipulados por el viejo Protector, Hugolino de Ostia, entre quienes tenía una enorme influencia, y juntó un ejército bajo el mando del cardenal Juan Colonna y Juan de Brienne. Al cardenal lo veremos de una forma muy curiosa más adelante.

Ni bien terminó la cruzada, Federico volvió y recuperó el reino de una manera muy sencilla. El ejército papal no fue un gran rival para los sicilianos y alemanes que se le unieron después de la cruzada. Pero aquella maniobra en Sicilia perjudicó seriamente la fama de Gregorio IX.¡You’ll just have to imagine the fire!

 

La paz de San Germano (1230) y las Constituciones de Melfi (1231)

 

Hermann de Salza, Gran Maestre de la Orden Teutónica, intervino para restablecer la paz con Gregorio IX. Siempre que había un mediador entre el Papa y el Emperador, esa persona tenía altos estándares de santidad; nos preguntamos por qué no han canonizado a este hombre que tuvo que mediar tantas veces entre esos dos, el Papa y el Emperador. No hay que olvidar su extraordinaria labor como cabeza de la Orden Teutónica.

En la recuperación de su reino Federico, todavía “joven”, demostró nuevamente su infatigable físico, una mente siempre alerta y una flexibilidad extraordinaria.

Ni bien tuvo las manos libres, ya reconciliado con el Papa, retomó el gobierno de Sicilia con las Constituciones de Melfi, que contaban con una acusada influencia del derecho romano y aceptaba e incluía al derecho natural como una creación divina.Esas Constituciones le imprimen un carácter profundamente burocrático al reino e impulsan su administración, encabezada por el mismo emperador.

Toda la rama judicial estaba bajo el Gran Justiciario (o Justicia), Enrique de Morraocupó el puesto (1223-1243); entre los Maestros Justiciarios estuvo el mismísimo Tomás de Acerra, que también fue Capitán General del Reino.

Federico II contaba con un equipo altamente entrando de juristas;“Cancilleres Ad Hoc” porque aquel puesto prácticamente desapareció bajo su reinado. Entre los más famosos “relatores” estuvieron Tadeo de Suessa, Piero dellaVigna y Ricardo de Trajetto.

A la cabeza de los ingresos y rentas del reino estaba el Gran Chambelán y la famosa “Dohanna”, debajo de él estaban los Maestros Chambelanes, que recolectaban los impuestos, y, también, apuntaba a los bailes que administraban los territorios y propiedades reales. Fue un puesto muy importante a causa de las famosas “Collectas” (impuestos extraordinarios) para la guerra. El tesoro se depositaba en el castillo de San Salvatore (Nápoles), al menos era uno de los varios lugares, y estaba sujeto a diferentes auditorías.

El reino de Sicilia y el Papado (a partir del siglo XIV) parecían convertirse en máquinas de exprimir tributos .

Tanto el comercio como los impuestos estaban altamente regulados. Si bien los italianos solían manejarse con diferentes sociedades, muchas de ellas “en comanditas”, muchos negocios, como la exportación de grano, estaban monopolizados por la corona.

En el plano cultural, además de las Constituciones, revitalizó la cultura, igual que su abuelo materno, Roger II. Amigo de Miguel Escoto, que tradujo a Aristóteles (traducción que usaría el mismísimo Roger Bacon) y, quizá, también de sus “predicciones”.

También su corte era todo un despliegue impresionante; en Cremona un elefante llamó la atención de Ricardo de Cornualles.

Escribió un libro llamado “De Arte Venandi cum Avibus”, donde una de las premisas es observar la naturaleza y “ver las cosas como son”, sin atarse a pre-conceptos. El matemático Leonardo de Pisa le dedicó un tratado al emperador, que solía invitarlo a su corte. Y un mariscal calabrés, JordanRuffo, escribe el primer tratado sobre el cuidado y entrenamiento de los caballos, el título de esa obra es “LiberMarescalchiae”.

En cuanto a arquitectura, construyó varios castillos, tal vez el más famoso sea “Castel del Monte” en forma de octógono, que era una representación de la síntesis de la perfección humana (cuadrado) y la perfección divina (círculo), presente también en la capilla palatina de Aquisgrán y de San Vitale en Ravena.

También se cultivó la poesía en lengua vernácula en su corte. Si por un lado le otorgó un feudo al caballero-trovador Walter von der Vogelweide, no menos atención le prestó a los sicilianos. Entre ellos se destacó el hermano de Santo Tomás de Aquino, esta vez no fue Aimone, sino Reinaldo de Aquino, precursor del “dolcestilnuovo”.

 

Enrique (VII) y Alemania (1235)

 

El hijo de Federico, Enrique, era contrario a sus intereses: el padre quería descentralizar el poder; el hijo quería mantener en auge la autoridad imperial. Y en este punto vemos que Pirenne tenía razón, especialmente cuando Federico, para arreglar todas las querellas entre Enrique y los príncipes laicos, otorga la “Constitutio in FavoremPrincipum”. Esa medida vacía la autoridad real y ni siquiera en los tiempos de Carlos V, un hombre con recursos, poder y autoridad moral, se podrá recomponer esa unidad. Se sustituye la unidad de un reino, de una monarquía, en favor de una descentralización feudal, una confederación de principados.

Enrique no terminó bien:su padre lo iba a perdonar y él pensó que lo iba a ejecutar, de modo que cuando lo conducían fuera del castillo de Apulia donde estaba prisionero, se arrojó al vacío con su caballo. ¡Cuántos males se evitarían si existiese comunicación entre padres e hijos! Tal vez la muerte de Enrique haya sido la lección más dura de Federico II. Nadie puede negar que aprendió: al resto de sus hijos, incluso bastardos, los dotó magníficamente. Enrique II de Inglaterra, por otra parte, parecía casi insensible a la muerte de sus hijos, salvo alguna que otra reacción que no iba más allá de lo superficial.

En la Dieta de Maguncia, al mejor estilo Barbarroja, dictamina nuevamente las “Paces Territoriales”. Por supuesto, el último duque de Austria de la Casa Babenberg, Federico II, hará como si nunca se hubiese decretado ninguna paz y mientras vivió fue irreductible (igual que los famosos galos de Astérix). Sí sabemos que en la batalla de Leitha, en 1246, a Federico II el Batallador o el Pendenciero se le acabó la “poción mágica”.¡La magia no dura para siempre, Federico! Este duque de Austria fue uno de los tantos fracasos militares del emperador Federico II que al final adoptó un “modus vivendi” con ese duque-problema.

 

Lombardía (1236-1250)

 

Si bien Federico II se moverá bastante durante sus últimos 10-15 años, sus intereses estarán centrados en Lombardía. Esa “obsesión” lombarda parecerá ser algo heredado de su abuelo paterno, Federico Barbarroja. Solía reunir el ejército en las tres ciudades más fieles: Cremona, Pavía o Verona. Entre los nobles hubo varios movimientos y cambios de bandos: Azzo de Este se cambia al bando papal por estar enemistado con el famoso Ezzelino III da Romano, partidario del emperador, cuyo abuelo estuvo presente en la batalla de Legnano luchando contra el abuelo de Federico II. Ezzelino también contaba con el apoyo de los condes de San Bonifacio.

Son notables las idas y venidas de los lombardos a lo largo de estos años y las luchas entre las facciones güelfas y gibelinas de las diversas ciudades, divididas dentro de sus muros, que convierten a Lombardía en un gran campo de batalla.

 

Cortenuova (1237), la Segunda Excomunión (1239) e Inocencio IV (1243-1254)

 

La victoria de Cortenuova fue gracias a la ineptitud de las tropas milanesas. Federico II había acampado en Goito (no lejos de Mantua) con un ejército compuesto por alemanes, lombardos aliados y 10 mil sarracenos de Lucera. Los milaneses, ya preparados (noviembre de 1237),ocupan la posición de Ponte Vico, detrás del río Oglio, que separaba a ambos ejércitos. Para finales de noviembre Federico II los engaña fingiendo una retirada y cuando se repliegan, envía a su vanguardia a explorar. Tanto exploraron que alcanzaron a las tropas enemigas. El emperador se apura para socorrer a los suyos y la batalla se extiende hasta la noche, siendo una notable victoria imperial.

Entre los prisioneros estaba el hijo del Dogo de Venecia, Pedro Tiépolo, Podestá de Milán. El número de caídos y prisioneros ascendía a 10 mil; eso es lo que le dice Federico II a Ricardo de Cornualles, su cuñado, a través de una carta.El total de las tropas de los milaneses eran de 16 mil, mientras que las del emperador oscilaban entre 19-25 mil.

Pero el optimismo de Federico II fue temerario: en el asedio de Brescia,al año siguiente, sus máquinas de asedio fueron destruidas en una salida de los brescianos; tuvo que levantar el asedio y retirarse a Cremona.

Al año siguiente al fracaso de Brescia, ni bien muere Herman de Salza, Gran Maestre de la Orden Teutónica, Gregorio IX lo excomulga nuevamente. Siempre hubo una alianza implícita entre la Liga Lombarda y los Papas desde las épocas de Enrique IV de Alemania. Y cuando Inocencio IV depone a Federico II en Lyon las quejas “teológicas” no tenían nada que ver con la realidad política. Tenemos que imaginarnos al Papa como un QB (Mariscal de Campo) de fútbol americano y mientras que su posición como líder en Italia era la de Jefe de los Estados Pontificios (Patrimonio de San Pedro), las Comunas de Lombardía eran su “Bolsa de Protección”, eran su línea ofensiva.

Un desfile de embajadas de príncipes de alemanes, grandes maestres de la Orden Teutónica (incluyendo al cuñado de Santa Isabel de Hungría, Conrado de Turingia), el Maestro Elías de Cortona, Superior de los Franciscanos, y demás delegaciones insistieron en vano ante el Papa: “jamás haré la paz con Federico II y los suyos”. Y mantuvo esa posición hasta el final.

¿Recuerdan al cardenal Juan Colonna? ¿El mismo que estuvo a la cabeza del ejército pontificio que invadió Sicilia mientras que Federico II recuperaba el Santo Sepulcro?Colonna, cansado de la terquedad del Papa, se unió al bando imperial, igual que otros cardenales.

Pero no fue el único emperador con esos “poderes hipnóticos” de atraer a personalidades del bando opuesto y convertirlos en fieles servidores. Carlos V, tres siglos después, también contó con esa misma habilidad sobre otros: el condestable Carlos de Borbón, el condotiero Andrea Doria e inspiró las simpatías del mismísimo mariscal (y luego condestable) Montmorency. Ese irresistible carisma personal sabía convertirlo en un arma más… Sin duda alguna, ganar a un opositor y transformarlo en un aliado es virtud de grandes.

Luis IX, ante la excomunión de Federico, dijo que sólo un Concilio General podía deponer al emperador; Gregorio IX convocó un Concilio General, pero la flota pisana interceptó a la flota genovesa y la venció; el resultado: un centenar de prelados cayeron prisioneros del bando imperial.

Luego, Gregorio IX murió y se eligió a otro canonista extremo: Inocencio IV. Podemos hablar durante largo rato de la “huida” de Inocencio IV, que abandonó Italia en plenas negociaciones; luego se iniciaron campañas militares de los legados pontificios, virulentas difamaciones y agresiones de Reniero de Viterbo a las tropas imperiales (y no al revés, tal como lo vemos en “La Luz Apacible”). Tal vez los pontífices “canonistas” hayan llevado al Papado a su punto más bajo en la historia;de alguna manera, con sus maniobras políticas sembraron la increencia que cosecharían en el Renacimiento. Es sorprendente la cantidad de cardenales que gastaron sus vidas en intrigas, rumores, campañas militares, despilfarrando los diezmos de la Iglesia en labores militares absolutamente ineficaces. Sin tener en cuenta que mientras se predicaba una cruzada contra Federico II en Tierra Santa se perdió Jerusalén.

 

Los últimos Años: Parma (1248) y muerte de Federico II (1250)

 

Desde la deposición en Lyon todo se hizo cuesta arriba para Federico II. Agrias peleas con el partido de cardenales que eran opositores activos, pero ineficaces en Italia. Tuvo una derrota parcial en Parma, pero luego comenzó a ganar victorias y cuando parecía que finalmente su sueño italiano se cumpliría…¡moriría el 13 de diciembre de 1250 en Castel Fiorentino, en Apulia! Afortunadamente, la cercanía con la muerte le dio tiempo, en sus últimas horas, para ponerse en paz tanto con la Iglesia como con el reino de Sicilia. En sus últimos momentos fue asistido por el Arzobispo de Palermo, Berard, que fue su amigo hasta la muerte.

 

Apreciación de Federico II

 

A Federico Roger Hohenstaufen todos lo llaman “StuporMundi”, pero muchas veces la respuesta a este enigmático al emperador está en la misma pregunta. ¿Quién era? Federico, por su abuelo Barbarroja, y Roger, por su abuelo Roger II. Es cierto que todos los hombres tienen que “hacerse a sí mismos”. Nuevamente se da un caso donde la realidad supera a la ficción creada alrededor de la “leyenda” de Federico II: tanto Roger II como Federico I pusieron las bases de su imperio, todo lo que él hizo fue, de alguna manera, limpiar el polvo acumulado por décadas en los caminos que forjaron sus abuelos, aunque fue una labor pesada.

Y si me preguntan sobre quién prefiero aprender, quién es más valioso, quién fue más impresionante, tengo que admitir que es una aventura mucho mayor la vida de Roger II de Sicilia o la de Federico Barbarroja. Cuando uno lee los libros de Abulafia, Van Cleve y, secundariamente, Cassady y ve el batallón de aristócratas que sirvieron bajo el mando de Federico II tiene que saber que no eran más que servidores de sus abuelos.

Federico II no fue un diplomático superior a su abuelo Roger II, ni un soldado superior al otro abuelo, Federico Barbarroja. Eso sí, ¡Federico II fue brillante!Y en su defensa tenemos que decir que le tocó un escenario extraordinariamente más complicado: ciudades lombardas más consolidadas, príncipes alemanes menos maleables y un papado sistemáticamente opositor.Su habilidad particular era esa “magia personal”, creaba oportunidades, encontraba huecos, brechas por donde poder entrar y cumplir su cometido; ¡esa habilidad fue genuina! Tuvo una vida de novela, pero las vidas de sus abuelos fueron una magnífica aventura. Al final del día, a pesar de que no haya sido el “forjador” de un imperio, podemos decir que fue un digno nieto de sus abuelos.

No desmitificamos a este gran emperador, pero sí le damos una visión más real; no lo aislamos de los logros ajenos, sino que lo hacemos parte de aquellos.

 
 

1. Para la “Aduana” es preciso ver la explicación de D. Matthew en “The Norman Kingdom of Sicily”, que estaba para registrar los límites jurisdiccionales de los diferentes feudos y todos sus aportes; no es casualidad que la Aduana, hoy en día, esté establecida, precisamente, en los límites de la Nación.
2. Para los diezmos y el Papado ver la Historia de la Iglesia, tomo III, de la BAC
3. Aubé escribió una buena biografía de él; secundariamente elegiría la de Houben.


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